Deambulo por internet, leo revistas de viajes, contrasto precios de vuelos y hoteles que aún no voy a hacer o a los que de momento no voy a ir. Durante estos meses es muy frecuente escuchar los ociosos planes de cara a los meses vacacionales y yo necesito escucharlos, es más, EXIJO escucharlos. Mientras veo el rubor colorado en la cara de mi marido, yo sigo libidinosamente ametrallando a preguntas a mi cuñada (por poner un ejemplo, es uno de tantos casos) sobre qué, cómo, cuándo y adonde. “No es un delito”, le digo a mi marido, solo quiero saber porque Monastir no es el único destino de Tunez, a pesar de que los touroperadores te lo encajen hasta la saciedad o que hay otras alternativas en mil y un países: Reino unido no es solo Londres, Italia no es solo Roma o Francia no es solo París.
Con seis años y con medianamente uso de razón, mis padres comenzaron, para mi y para mi dos hermanos, a ser nuestros guías personales alrededor de todo el mediterráneo hasta bien entrada la edad del pavo. Desde Denia, bordeando toda la costa, hasta San Lucar de Barrameda, cada año nuestro destino se encontraba en una provincia diferente. Mis hermanos y yo nos plantamos exigiendo un pueblo, ese pueblo que todo el mundo tiene y al que siempre va a veranear aunque sea unos pocos días desde tiempos inmemoriales. Nosotros también queríamos. Queríamos salir a las fiestas del pueblo de al lado, probar nuestro primer kalimotxo, quedarte hasta tarde y que nuestros padres vinieran a buscarnos. Queríamos desayunar esa rústica hogaza de pan que a la tarde ya está dura. Queríamos ir en bici a bañarnos al río con la cuadrilla de amigos (reminiscencias de tanto ver verano azul, supongo). Y queríamos secretamente encontrar nuestro primer amor de verano, o el segundo o el tercero, que se yo. El caso es que mis padres, con nuestros “queríamos” debajo de un brazo y un crédito debajo del otro, compraron una casa en Burgos; a una hora y media escasa de Euskadi; decidiendo que era una buena inversión y evitando así el desembolso anual que implica organizar unas vacaciones para cinco.
Después de doscientas fiestas de pueblos, cuatrocientos amores estivales y mil y una horas de sol en el río, llegó el riego sanguíneo a mi cabeza y me dí cuenta de cuan afortunados habíamos sido visitando todas aquellas ciudades, monumentos, playas, iglesias y parques y de que nuestra ingrata e ignorante adolescencia había pedido el cese de aquellas maravillosas vacaciones. Recuerdo que el verano de mi despertar y aprovechando que eramos suficientemente mayorcitos, mis padres iban a pasar unos días a Lisboa. Delicadamente y con mi mejor sonrisa comprometedora, les pregunte si podía ir con ellos. La respuesta fue no. Pero no un “no” malhumorado ni vengativo. Fue un “no” acompañado de las risas de ambos que lo decía todo. Aquel “no” me decía: ¿Ahora? No, cariño, ahora no. Ahora queremos hacer un viaje sin escuchar “¿queda mucho?” o “¡quiero un helado!”. No, cariño. Ahora no. Tengo que decir que aquella respuesta me pareció la mar de comprensible y en la que no cabía negociación. Ni siquiera hice objeciones.
Con el tiempo te das cuenta de las etapas que sufre la relación con tus padres. Pasan de ser los todopoderosos con quienes quieres estar a todas horas un tus primeros años, a los seres indeseables que te hacen la vida imposible y de los que te averguenzas terriblemente en tus épocas acnéicas, y con los que años después te tomas un vinito blanco en un bar tan agusto mientras charlas de cualquier cosa. Ahora soy yo la que estoy encantada de organizar viajes con ellos y de retomar aquellas vacaciones interrumpidas por nuestros egoístas deseos. Ahora soy yo la que sonrío cuando me piden que vayamos juntos Londres y ahora sé que sentían cuando me sonreían ante mi idea de ir a Lisboa con ellos: se sintieron halagados, al igual que yo.
Mostrando entradas con la etiqueta Lisboa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lisboa. Mostrar todas las entradas
domingo, 11 de mayo de 2008
Las edades del viajero
Publicado por Amaia Cubo Cossio a las domingo, mayo 11, 2008 4 comentarios
Etiquetas: Burgos, Lisboa, padres, pueblo, San Lucar de Barrameda, Viajero
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



![green peace, fotodenuncia [Greenpeace, fotodenuncia]](http://www.greenpeace.org/raw/content/espana/assets/banners/fotodenuncia150x150.gif)

![Validate my Atom 1.0 feed [Valid Atom 1.0]](http://quienmemandaria.files.wordpress.com/2006/09/valid-atom.jpg)